SEMANARIO VOCES | REFLEXION SEMANAL | 12/10/2017 | Pag. 10

SEÑALES

 
 
»Leo Pintos

Es evidente que asistimos a una sucesión de hechos que pone en cuestionamiento el papel de los políticos en la vida del país. Sin embargo, esta realidad no debe poner en tela de juicio el papel de la política y de los partidos, aunque está en manos de estos últimos la responsabilidad de dar las señales que contrarresten la sensación generalizada de corrupción y falta de controles en la gestión de los recursos públicos.

Lo que parece claro es que nuestros políticos no han asumido el impacto de las redes sociales en la circulación de la información y sus consecuencias. No soy de los que creen que el votante medio vaya a cambiar su voto en función de un tuit o posteo de Facebook, pero sí que cualquier gesto político hoy trasciende más allá de lo meramente político y adquiere una fuerza que desborda los cauces tradicionales. La omnipresencia tecnológica en la comunicación nos convirtió en ciudadanos activos, emisores y receptores, ya no más actores pasivos de la comunicación política. He señalado, desde estas mismas páginas, que llegados hasta aquí, nos sentimos desbordados por la basura y las miserias de una manera de hacer política que se olvidó del ciudadano en favor de la lógica del poder a toda costa, del atornillamiento a los cargos y la . "ta representatividad de los sectores. ¿Recuerda aquellos de los más preparados para el cargo? Bien, el Sodre es un claro ejemplo de las consecuencias de haber renunciado a ese postulado histórico de la izquierda.
Sin embargo, hoy quiero rescatar una declaración del Presidente del Frente Amplio, Javier Miranda, que pasara desapercibida en el maremagno generado por la renuncia de Raúl Sendic. A su entender la permanencia de personas en cargos de gobierno no debiera extenderse más allá de dos períodos. Toda una declaración de intenciones, revolucionaria para lo que es la forma de entender la política en este país, en la que pasan los años, los lustros y las décadas, y los mismos actores siguen en el escenario, transcurriendo y haciendo biopolítica, donde la muerte parece ser el único acto político concluyente. No es sano para la democracia tener legisladores con 30 años de permanencia en el Parlamento, líderes históricos que dicen renunciar a sus aspiraciones en favor de sus hijos, ineptos ocupando cargos de responsabilidad sin más mérito que portar un apellido. Sabemos que la impunidad a la hora de tomar decisiones y la opacidad en la administración acaba en pérdidas socializadas.
La consecuencia de esta dejación es una inflación punitiva estéril que recarga la administración de reglamentaciones que no se cumplen o que son inaplicables. Demasiado batiburrillo para un país tan pequeño. Demasiados costos para las carencias existentes. Pero quizá todo se entienda mejor si analizamos las señales del sistema político y para ello bastan algunos ejemplos: 1) la comisión investigadora que estudia la financiación de los partidos políticos sesiona de manera secreta; 2) se acaba de designar como integrante del Tribunal de Cuentas de la República a una persona que fue acusada de falsificación de la firma de una legisladora. 3) El Senado aprobó con los votos del oficialismo el subsidio al ex vicepresidente Sendic pese a lo polémico del asunto. 4) La Junta Departamental de Soriano rechazó la comisión investigadora por el caso Bascou. Lo que sí es claro es que como sociedad tenemos una percepción distorsionada de la corrupción, a la que asociamos exclusivamente a la coima y, sin embargo, aceptamos y toleramos el acomodo, el amiguismo o la viveza criolla porque lo percibimos como algo natural en el manejo de los recursos del Estado. Porque el ladrón tiene la conciencia de saberse ladrón, el corrupto no, está convencido de que lo que hace es parte del juego y, lo más grave, se siente amparado por el sistema. Pocas cosas más patéticas que los pactos anticorrupción entre los partidos, porque nos hacen sentir que nos hacen un favor poniéndose de acuerdo en cumplir la ley. Mientras tanto, la política desinteresada de la gente sigue generando desinteresados en la política sin que a nadie parezca importarle.