SEMANARIO VOCES | ENTREVISTA | 14/06/2018 | Pag. 21

FRANKLIN RODRÍGUEZ, ACTOR Mujica es el gran actor del Uruguay, a su lado, Alberto Candeau no existe (segunda parte)

 
 
¿Por qué se acaban los programas de televisión uruguayos? Hubo tradición de humor en televisión. Eso se liquidó todo. ¿Es porque es caro?
Es porque si hacés algo acá no hay dónde venderlo. A nadie se le ocurre. La gran contradicción del Frente Amplio es que han criticado siempre el capital, el capi­tal en manos de algunos, y la televisión es eso. A los canales no los toca nadie. ¿Quién le perdonó la deuda a Tenfield?
Si, como los canales digitales, que se los dieron automáticamente a...
Todos. Dejare de joder, loco. Tenés la posibilidad de hacer algo histórico y no lo hacés. Era el momento, y no lo hicis­te, y no lo vas a hacer. ¿Por qué el señor Romay va a agarrar un canal y va a po­ner una telenovela con sus gastos? Por­que no hay nadie que quiera venderlo. Están acostumbrados a ser repetidoras. ¿Hay algo más lejos que un turco? Acá no hay califas, no hay jóvenes vírgenes para casarse y sin embargo prende. Lo vendieron a la fuerza. Olvidare de los Brian y los Johnatan en la selección: hoy se llaman todos Orán González o Sherazade Pereira. Claro, si nos obligan a ver eso. Mi madre ve todo el día las novelas turcas.
Tenemos el ejemplo de Oreiro en Rusia con las comedias que hizo.
Ahora capaz que se le caga la vida, pobre, con esto que hizo ahora en Rusia. ¿Quién la convenció? Tiene razón ella, hay que hacerlo, si. Pero es Putin, y los tipos son cuadrados, y dijeron que el homosexual es un enfermo y que ahí no entra. Si te dicen eso...
Es demasiado popular, vamos a ver.
¿En Rusia? Popular es él, que ganó tres veces las elecciones.
Hablando dedo popular, una de las co­sas que caracterizan a "La Cachetada" es tratar de ver lo que pasa alrededor y escribir algo sobre eso. Es algo que pasa en "Rescatate", que lleva público. Y sin embargo no es la característica del tea­tro montevideano.
En La Cachetada yo pongo una maes­tra golpeada. Conozco varias, por eso. Lo que pasa es que está bravo meterse con el gobierno bolivariano del Uruguay. No saben los líos que tuve con eso: ame­nazas, cosas, puteros en las redes. Y) no tengo red social ninguna.
¿Te amenazaron por eso?
Diciéndome fascista, reaccionario, cosas horribles. "Tenés un puesto en el Partido Nacional. ¡Ojalá! Voy a llamar a Lacalle Pou. Porque cuestiono la educación, que todos decimos que está mal. Todos decimos que es horrible lo que pasa. Y me cuestionan que por qué mis hijas van al colegio privado. Porque la pública está mal, y si puedo, hago el esfuerzo. ¿Qué les voy a dejar? Si puedo, les dejo eso, educación. Y la educación en el barrio no esta buena. Lo siento, pagaré el priva­do. Y me rompo la cabeza para pagar los veintidós mil pesos por mes. No tengo otra. Plantear esa discusión significa que en seguida te catapulten al infierno. Y no hablo de la gente común, hablo de los compañeros de teatro. Compañeros que tienen Facebook me mostraban cómo me puteaban ahí. Técnicos, actrices. Yo los conozco. Te vendiste, ahora tenés un puesto en el Partido Nacional." ¿Por qué fue? Porque la semana de estrenar cae Lacalle Pou con su esposa, a ver la obra. Y pagó la entrada.
¿No lo dejaste entrar gratis, estás seguro? No, pagó la entrada. Pero si me decía que quería ver la obra, lo habría invitado. A cualquiera, incluso del Frente. Porque la obra es para discutir. ¿Qué le voy a decir al tipo, que no entra porque es el Partido Nacional?
¿El quilombo fue a partir de que él te fue a ver?
Porque vino a verme. Fue el fiscal Zubia, también.
Te estás juntando con toda la flor y nata, vos también.
No fue nadie del Frente. Estaban entre-
tenidos en defender a Sendic, no podían ir, viste.
Sin embargo es fantástico que una obra genere esto.
No me enojo. Cuando fui a FUTI uno me dijo: "Me voy, llegó el poncho blan­co." Así que ahora me esmero en decir­le a la gente que yo voto en blanco. Es una declaración de principios dura, pero lo digo para que no me rompan más los huevos. Yo no pertenezco a nadie. A par­tir de acá no me busquen la vuelta, por­que no hay. No voy a volver para atrás. No mentí, no voté a Lacalle Pou. No es cierto. Pero el tipo vino, sabiendo que en la obra digo que de "todos los partidos políticos han mentido con la educación". "Te felicito, tenes razón", me dijo el tipo. Alguien me lo dijo. Y Zubia al otro día en Canal 12 dijo que fueran a ver la obra. Zubia es lo que vos quieras, es un show,
?yo no lo conozco, y dijo:. "Mirá que pa­gué la entrada". Por otro lado, si hubiera sido del Partido Comunista o del MPP y viene el loco, ¿qué le digo? ¿Que no entra? ¿Yo le voy a decir a una persona que no puede entrar a un teatro porque piensa distinto? ¿Qué quiere decir eso? Yo no hago esas cosas. Y me parece lo más antidemocrático. Por esta entrevista me van a volver a decir fascista, nueva­mente. No hay chance de que no estés muy de acuerdo con el gobierno: es que sos fascista. Y el fascismo como palabra más allá del chiste, tiene una presencia vocal muy fuerte. El fascista, el facho, eso es otra cosa, remite a gente muy jodida. Yo soy absolutamente democrático, pero hay cosas que me pusieron mal. Yo no la estoy buscando, pero la vivís y te sentís mal. Está mal, y tenés que decirlo. ¿Por qué no voy a decir que la educación está mal?
¿Es muy autoritaria la izquierda?
La gente de izquierda sí, lo es.
¿No se tolera la disidencia?
Para nada.
Y en el teatro, peor.
Peor.
¿Hay ideología ahí, o es envidia?
Es obsecuencia. Son obsecuencias. "So­mos de acá y no hay vuelta que darle. No hay vuelta atrás." Sí, pero está todo mal. Es así. Es como con lo de a la gorra. El 95% de los actores están de acuerdo en que no pueden laburar gratis, porque va contra ellos incluso. Pero es tanto el mie­do a decirlo, a exponerse, a opinar.
¿Es la dictadura de lo políticamente correcto?
Sí, lo es. Y tampoco es solamente acá, es en el mundo. Mirá Argentina. ¿Cómo va a terminar esa fractura social en los actores? Como vas a pensar que en una cancha de fútbol no haya fractura social. La intolerancia de los compañeros míos fue muy grande. Discutí mucho con mu­cha gente, tratando de no pelearme. Bo, dame chance de equivocarme, pero no me acuses de ser fascista. "Te diste vuel­ta." ¿Yo? Quiero recordar que yo hice dos veces la publicidad del voto verde, con Margarita Musto. Dos veces, y las dos veces la perdimos. No me digas que es­toy en contra de esto. Lo que digo es que cuando algo me parece mal, lo digo. Yo, y veinte más. Y no nos podes catalogar de reaccionarios. Por algo lo diremos. A .mí me caen muy mal algunas cosas, me cae muy mal cuando se ríen de los maestros. La maestra de mi escuela del Cerro ?Margarita, se llamaba? fue la tipa que me generó las ganas de leer la poesía de Juana de Ibarbourou. La maes­tra fue mi referencia, mi mamá, en se­rio. Y esa maestra hoy perdió autoridad con el cachetazo, y de esto habla la obra.
Sobre todo con el cachetazo que le da la misma sociedad y la misma Dirección de Cultura cuando se ríe de los maestros, o cuando Mujica dijo que no trabajan. Eso no es cierto, es insalubre ser maestro en este país. Y ni te digo en contexto críti­co. ¿Cómo me podés decir eso, ningunearlas así? Y cuando veía quiénes eran los que ninguneaban a las maestras, no podía creerlo. Como no podía creer lo que pasaba en Nicaragua, y lo que esta­ba haciendo Daniel Ortega. "Me están mintiendo, decime que no", pensaba yo. Me costó, eh. Sí, era verdad. Me cuesta creer que esa misma gente sea la gestora de esto. Dije que no se puede trabajar a la gorra, nada más que eso. Y.puse el ejemplo del SUNCA, donde si trabajás una hora más barata te tiran para abajo. ¿Cómo vas a bajar el precio del trabajo?
Y sin embargo entre la gente de izquier­da del teatro vinculada a la política se dan roces, como con lo que pasó con la dirección de cultura: salió Héctor Gui­do y vino Mariana Percovich y cambió todo de vuelta.
Son lugares de poder.
No hay política cultural, a eso voy.
Son lugares de política, donde hay ga­nancia para después. No debería ser así, ni en educación ni en cultura. No debe­ría ser que llega uno y tira abajo lo que hizo el otro, que es lo que pasa siempre.
? del mismo partido. Vas a ver que aho­ra ganan la intendencia de nuevo, por­que la gente a esta altura ya es frentista y ya no sabe ni qué vota, cuando todo el mundo está enojado por la mierda en que vivimos todos los días. Y va a venir otro y va a decir "no va más" y va a em­pezar de nuevo con todo. Y así vamos a estar siempre. Hablamos de intolerancia, y esto de Petru Valensky es el ejemplo.
El tipo dio una opinión política, no dijo que él votaba a Berlusconi, dijo que le parece que tendrían que ir los militares.
? mirá que lo masacraron en serio. Y ya ni es: "fascista, reaccionario, de dere­cha", sino que es: "¿te acordás, puto de mierda?" ¿Te parece, a un tipo que está en televisión, que ha ido solidariamente a millones de lugares? ¿Que lo agredan por su condición sexual? Y eso es gente de izquierda.
Gente que se supone ha sido la abande­rada de la diversidad. Y sin embargo a él, por dar una opinión...
Lo mataron. Lo hicieron darse vuelta, pedir perdón, decir que no había que­rido decir eso. No pidas perdón nada. Que se vayan a cagar todos. ¿Qué tienen que opinar, ustedes? Además viste que el Facebook es lo más cobarde que hay, y la gente lo da por válido. Ahí ves la in­tolerancia. Lo mataron, mal. Capaz que mañana salgo a decir que salgan los mili­cos a la calle, a ver qué pasa. Para probar. "Franklin Rodríguez apoya." Cuando salga eso, agarrate. Me llamaron el otro día de Búsqueda para una entrevista. "No voto más, no soy de nadie, pone- lo", dije. No sé si lo puso porque no la leí. Pero le dije que lo pusiera. No voto a nadie, me cago en todos. No me acerqué a los blancos, no fui a comer un asado, no me invitó. Si me hubiera invitado, hubiera ido. ¿Por qué no voy a comer un asado con Lacalle Pou? Eso no quiere de­cir que lo vote. ¿A qué estamos llegando? ¿No se puede saludar a alguien? Carlos Muñoz, el periodista, me decía que lo acababa de llamar Mieres, y le preguntó si yo estaba con los blancos. Le dijo que no creía, y que por qué se lo preguntaba. "Porque el año pasado lo vi en la playa y me vino a saludar bien, pensé que era de los nuestros." ¡Yo nunca le dije que lo votaba! Sólo lo saludé. Es raro, bo.
Das una visión muy negativa de la so­ciedad. ¿ Vamos para el orto, o ves algu­na salida posible?
Todas las salidas posibles. Vamos para el orto. Claro, cómo no va a haber salida. Yo vivo acá, no me fui. Lo estoy pensan­do, realmente, pero todavía no me fui.
Veo un Sarandí del Yí tu futuro.
No en Sarandí, justamente. Más lejos. No, estoy con ansias de hacer cosas. Me gusta, tengo un teatro. Me dicen pesimis­ta, pero tengo un teatro, hago obra, estre­no, viajo. Soy lo más optimista del mun­do. Pero la realidad es muy fuerte y no la puedo soslayar. Al crecer van muriendo muchos, y vamos quedando nosotros. Este es el Uruguay que va quedando, les guste o no. De alguna manera tengo que ser lo más honesto posible para decir las cosas que a mí me parecen. Yo estoy en mi puesto de laburo, y de ahí digo lo que pienso. Cada vez que digo algo me pasa algo. No se puede creer. Hace dos me­ses fui a VTV, a un programa de mierda que no ve nadie a las cinco de la tarde. Nadie ve VTV siquiera, ¿van a mirar ese programa de mierda? Me preguntaron que qué pensaba de la educación, con la plata que hay, y con que cada vez esta­mos peor y estamos cada vez más abajo en las pruebas PISA. Y le contesté lo que te dije antes: o son unos reverendos hijos de puta o son ineptos. Me inclino por lo segundo. Me levantaron. Salió la ex fis­cal Guianze a pegarme, a "este actorcito de cuarta". ¿Si soy un actorcito de cuarta qué mierda le importa lo que yo opine? ¿Quién me va a tomar como referencia? "Ay, lo que dijo este muchacho, hay que tenerlo en cuenta." No soy nadie, doy la opinión como la puede dar cualquiera. Y la tipa se dedicó a escribir un tweet para putearme.
Tiene tiempo libre ahora, por eso.
Que se dedique a garchar, y no a hablar de un "actor de cuarta" que ni conocés. Cuando hice la propaganda de Lacalle... Perdón, de Michelini...
Me traicionó el inconsciente.
Bueno, si me pagan... Me acuerdo que recién había abierto el teatro, y en la es­quina de Convención y Mercedes, donde ahora hay una verdulería, el tipo no me dejó entrar más. "Acá no entrás, no te vendo nada." Por el aviso. "Te vas de acá, comunista." Y hasta que el tipo no se fue, nunca entré al supermercado ese, Y en la calle me gritaban hijo de puta. Había una página en internet: "Odio a Franklin Rodríguez", la habían creado los jóvenes blancos. ¿Qué es lo correcto? ¿No decir nada? No opinar, no meterse, no perder el puesto. Está bien, es una posición. A mí no me funciona, me hace mal, me en­ferma. Prefiero venir exultante por haber dicho lo que pienso antes que apocado porque haberme guardado todo y pasar­la mal. Es mi forma de ser, yo soy así.
Me voy de un canal de televisión en vivo. Como decía el flaco Invernizzi el otro día: "este el él único tipo que yo conoz­co que se fue en vivo de un programa de televisión." Y me fui. Y el Nano Folie me miraba, un 18 de julio.
¿De qué programa te fuiste?
De uno que hacía Claudia Fernández en el Canal 10, de tarde. Me fui, y no me podía sacar la camisa del canal: la partí en el corredor, de la ira, y nadie osó pa­rarme. Vino el Nano Folie: "¿Qué pasó, hermano, estás bien?", me decía. Ocho­cientos grados bajo cero y yo desnudo por el corredor de canal 10, un jueves 18 de julio a las siete de la tarde. Nunca más fui al canal. Es más, me pagaron por fue­ra, fueron a mi casa a pagarme, porque no podía entrar al canal. Me fui en vivo, me arranqué todo y me fui a la mierda. "Todo bien, ¿pero para qué me tienen acá?, había dicho yo. Yo tenía cincuenta en ese momento. Pagaban muy bien. La productora era la hija de Hugo Moser, el argentino. "Te queremos para hacer en­trevistas, para hacer un sketch." Bueno, ta. Una hora por día, no costaba nada, pensé. Pasó una semana, dos semanas, y yo no hacía nada. Era el Susano de Clau­dia Fernández. "Tenés que bailar cuando venga el Gucci." No, hasta acá llegamos, pensé. Yo había edificado mi penosa ca­rrera con mucho esfuerzo, no para bailar con el Gucci. Con todo respeto.
¿Y qué pasó?
Yo tenía la vincha, estaba en vivo. En­tonces estaba Claudia con la música, y rápidamente paneaban y me tomaban a mí, que iba a hacer un juego. "Te vas al juego", me decían por la cucaracha. "¿Ta, pero qué hago acá, qué tengo que hacer?"
"Te quedás ahí, no te pongas nervioso." "No me hagas hacer esto." Atrás mío ha­bía una jirafa con medidas. "Tenés que medir la palma de la mano de la gente que va entrando, de a una." Todo esto mientras en el otro lado estaba la acción. "La mano, para ver cuán grande la tie­ne el hombre. ¿Entendés? Es un juego." Y miro y había un negro puto alto, del club de fans de Claudia Fernández. Me estás jodiendo, pensé. Estaban todos con la mano pintada de blanco, para ponerla en la pared. Dije que yo no lo iba a ha­cer, y me insistían. "Yo esto no lo hago". "Hacelo carajo, después lo discutimos". "Chau", dije y me fui. "Vamos con Franklin, que tiene sorpresas", decían del otro lado. La cámara me enfocó, me arranqué la cucaracha. Quedó la jirafa con el negro. Me fui a la mierda, en vivo, humillado. Era 18 de Julio, estaba todo el mundo en su casa. Por la fiesta patria. Todo el mundo dice que todo el mundo estaba mirando el programa ese día. Si fuese cierto no se habría bajado por fal­ta de rating. Obviamente no lo miraba nadie, pero todo el mundo comenta que cómo me vieron salir ese día. Nunca más aparecí, ni explicación dieron, (risas)
Esa no te la quita nadie.
Era humillante, pasé vergüenza. Todo lo hacía Claudia, ella entrevistaba, actuaba ella, conducía ella. Yo sacaba el sobre del concurso: "Chocha Pereira en. Sarandí del Yi, acaba de ganar un mes gratis de UTE." Era un Susano. Llamá a un gua­cho lindo, pagate diez mil pesos, y te bai­la y te salta. Pero no un viejo amargado. Pero se había empeñado conmigo, que tenía que ser yo. Pobre.
Vos hacés teatro, y tenés un teatro que es de verdad independiente, que no de­pende de hacer lobby. Mucha gente del medio está haciendo lobby con el poder. Eso te permite decir lo que se te antoja. Dependo de la gente que vaya. Hago un lobby especial: cuando no actúo bajo a la platea, voy al hall, abro la puerta de los taxis para que no las roben a la viejas, me quedo con la gente, la saludo, la re­cibo. Es mi casa, mi boliche, tengo que defenderlo a muerte. Abro la puerta de los taxis para que la viejita no se caiga y se rompa el culo y después diga que fue al teatro y la robaron y que entonces nun­ca más fue. Las cuido de los chorros, de los borrachos. Es tremendo lo que hago, pero es así. Ese es el lobby que hago, el más personal. El otro es lo que yo soy. Por ahí soy un loco de mierda y no vale la pena ni siquiera pensar en mí como una posibilidad de seguir mis pasos, para nada. Hay dos teatros, uno arriba y otro abajo, y se abre la cancha, hay alumnos, gente que va. Bien o mal, es lo que uno
sabe hacer. La boletería depende de eso y son casi diez personas con un sueldo Es una familia chiquita que tengo. Un: fábrica de esperanza, porque no vendí nada, vende teatro, palabras. La verdad es que no me siento desconforme cor eso. Y si el apoyo viene condicionado más vale que no venga. Le buscamos 1; vuelta. Y por eso también yo soy el es critor de la sala. Porque, claro, pagar ur derecho de autor no podés, porque nc lo podés desquitar. Soy el que escribe el que dirige, el que hace todo, para que esto funcione. Y no funciona mal.
¿Qué te gusta más, escribir, actuar, di­rigir?
Ah, yo soy actor. Mi vida es la actuación. Escribir es un placer, por esto de que los textos son caros, está muy idealizado y es difícil de hacer. Y dirigir porque nadie agarra viaje. Mientras otro piensa si hace algo, yo tengo que poner tres espectácu­los por año para que la sala se mantenga. Porque a la boletera, la acomodadora, la técnica, la limpiadora, la secretaria y los profesores todos los meses hay que pa­garles. Es una fábrica que te come, que te obliga a estar sietrtpre haciendo cosas. Pero soy actor. En la entrevista pueden poner "empresario teatral", me encanta esa palabra, me siento cómo en Argen­tina. ¿Empresario de qué? Pero me gusta la palabra, me defino así, porque tengo una empresa con todos esos valores para llevar adelante.
¿Aconsejarías a la gente joven que haga teatro?
Sí. A los jóvenes y a los no jóvenes. Tengo muchos no jóvenes a los que les cambió la vida. Si no son actores en el futuro, son buena gente. Porque tocás puntos muy claves; hay una humanidad implí­cita en las palabras, en las acciones, en el comportamiento, en lo social. Es co­lectivo. El teatro no lo hacés solo. Habrá quilombo, como siempre, y aparecen los egos, pero también está lo que compar­tís, lo que sufrís, lo que descubrís de las acciones humanas. El teatro es un ins­trumento maravilloso, sensible al 100%. En Espacio Teatro los alumnos tienen posgrado y tienen la sala para hacer lo que quieran. No se les cobra. Y han he­cho cualquier cosa, cosas buenas y cosas muy malas. Pero ese es el quehacer: las cosas malas, y cuando sean buenos se tienen que acordar de eso, de que para llegar a serlo hubo que hacer todo eso. Una nota tuya de hace cuarenta años no es una nota tuya de ahora. Eso cambia muchísimo, y el actor también tiene que foguear su cuerpo y su instrumento. La sensibilidad es fundamental. Le gen­te que va al teatro sale sensible. Ayer a "La cachetada" fueron veinte personas, no es una obra que lleve público como "Debajo de los pantalones". Pero sábado y domingo me permito bancar con ese espectáculo lo que se hace el viernes. Y el viernes van veinte, pero salen emociona­dos por un espectáculo que los toca. Al resto no le importa, pero bueno, es así. Pero hay gente a la que sí le importa, y eso vale oro. Lo viví ayer en Sarandí del Yi, en un teatro donde había «na luz de color azul, dos sillas arriba del escenario, un fondo blanco, un escenario gigante, la gente abrigada porque no hay aire acon­dicionado. Y hacés el espectáculo y que­dan conmovidos. Ahí decís que todavía se puede. Esa es la parte de confianza de que me preguntabas al principio. Hay un momento en que uno confía en el ser hu­mano. Y hay otros que no, pero bueno. Sucede, cuando ves barbarie y decís que no hay salida.
Optimista pese a todo.
Soy optimista. Hay muchos que son pe­simistas mal informados. Lo que odio es la buena onda. "Qué mala onda que tenés", me dicen. ¿Por qué, porque soy realista? La ONDA ya cerró, te recuerdo. Tengo humor, jodo mucho, vivo riéndo­me. Tengo mucho humor para todo, me divierto en los ensayos. No soy un bajón, soy muy para arriba, pero también soy crítico cuando las cosas no me gustan. No puedo ser cómplice de lo que me pa­rece mal, y muchas cosas son un horror. Como con aquello que decía Netto, el pope de la educación...
José Pedro Vareta.
Sí... Aquello de que pasen todo y nadie repita. ¿Y para qué estudian? ¿Yo soy un genio porque me di cuenta, o es una ob­viedad que esto está mal? Cuando aquella chiquilina repitió y el juez dijo que no repita. ¿Cómo vas a mandar un abogado para eso? ¿Estamos todos locos? ¿A dónde hemos llegado? Tenés que quejarte de .eso. Yo vivo acá, y tengo derecho a decir que esto está mal. Y tenés más derecho cuan­do fuiste muy de izquierda. En mi vida voté a un partido tradicional. Nunca fui, no sé lo que es, nunca coqueteé con eso. No lo soy. Siempre fui oposición absolu­ta a eso. Lo que yo lloré cuando echaron a Germán Araújo... Dos días lloré. Yo venía de trabajar con cajas de cartón, y llegaba a escuchar a Germán Araújo a las once de la mañana. Yo me prendía a lo que decía el tipo. Y cuando lo echaron del senado y se murió, me morí. Creía mucho en todo eso. Si me duele hoy cuando veo a los carapintadas del poder. Qué dolor, ¿eh? Mirá que hay gente carapintada ahí arriba, gente que no tiene ningún mérito.
Cualquiera de nosotros podría ser un tipo en el poder. Veo a Oscar Andrade y pienso que esa cuadradez no es la mia. Esa intole­rancia no es la mía. Esa ceguera humana, ese decir que estamos en un país maravi­lloso. ¿Cómo voy a pensar que un tipo así me puede representar a mí, con las cosas que dice? O cuando a veces veo discutir a Alejandro Camino, que es un colega de teatro. Las cosas que dice en Esta Boca es Mía. Tenés mi edad, no podés ser tan
neófito. No podes negar la realidad. Hay que aceptarla, loco. Aunque digas que sos del Frente igual, y que hicieron cagadas pero igual lo votás. Capaz vos te preguntás, en este soliloquio que estoy haciendo, por qué es con el Frente. Y, es porque ahí aposté todo.
Porque viene de túpalo.
Me duele lo que pasó. Me duele el veto al aborto de Tabaré Vázquez.
¿Qué te dolió más de Mujica?
Es el gran actor del Uruguay. Alber­to Candeau no existe al lado de él. Y lo digo con propiedad, porque fuera del país decís algo de él y te masacran. Hablé de él en Viena y para qué... Dije que era un actor, un gran mentiroso, al­guien que habla mal en Uruguay y muy bien afuera. Afuera habla perfecto. Pero no se le puede negar lo que ha logra­do; ha llenado el Estadio Azteca con un
discurso. ¿Quién mierda lo hace éso? Es maravilloso. Es un gran vivo. Dice que no va a ir a las elecciones, pero está coqueteando. Le da para adelante a As- tori. Pobre desgraciado, Astori, que no emboca una; es como Rampla Juniors, nunca entra en nada, pobrecito. Siem­pre ahí, con su lentitud. Me lo imagino a Mujica dándole manija, para que se tire y después tirarse él atrás. Es genial lo que hace el viejo. "Ahora se murió Manuela, no tengo tiempo, estoy con las lechugas, andá Daniel", eso le debe decir. "Constanza, no te quedes atrás, vos tenés que ir, sos la esperanza de la mujer." Los manijea a todos y atrás va a él. Es lo mismo que Sanguinetti, que lo mandan de vuelta. ¡Llegó San­guinetti! ¡Supercan! ¿Te das cuenta de esto? ¿Cómo (...) aparece Sanguinetti de nuevo? Y pasa lo mismo con Mujica, un tipo que ha logrado la adhesión, con los disparates más grandes que ha dicho. Fue un gobierno divertido, ni lo dudes. Mucho más que el de Batlle. "Traigan a los de Guantánamo, traigan a los de Siria." ¿No se te ocurrió pensar que estás trayendo gente que reza cinco veces por día y le pega a la mujer? ¿Cómo los vas a meter por la fuerza acá? ¿No se le ocu­rrió pensar eso, por un momento? El de Guantánamo dijo que prefería estar en el medio de la guerra en Siria antes que estar acá. ¿Se acuerdan de eso?
Algunos se adaptaron.
¿Ahora es la mujer que le pega? Te pon­go este ejemplo pero te puedo poner la ley de la marihuana, todo lo que pasó con las farmacias. Tiró cosas, y todo el mundo lo seguía, en esa euforia, en esos años de bonanza. Creo que nunca pen­só seriamente las cosas. Tiró todo lo que había, y después llegó el otro, el monje loco, Tabaré Vázquez, a arreglar las cosas, con ese estilo tranquilo. Hay que decirles a él y a Astori que hablen más rápido, porque el tiempo en televisión vale oro, y ellos demoran mucho. Lo último terrible que pasó fue cuando alguien se opuso al gobierno y salieron a mostrar lo que de­bía el colono. Eso no se puede hacer. ¿Te pensás que el colono es poderoso? Mos­traron la casa, vive en un ómnibus de mierda en mitad del campo. Yo no pue­do creer que ese tipo sea millonario. No es un latifundista. No lo podés matar así.
Lo mataron, a él y a otro más. No podés hacer eso. En la izquierda se siente que se están perdiendo cosas, ¿entendés? Y son equivocaciones de ellos, no de los demás.
No es culpa mía. Yo no me hago cargo del gobierno. Sos vos, vos tenés que ha­cer las cosas bien. Mujica fue un gran ac­tor. Ha vendidb la pobreza en que vive, que es cierto. En Amsterdam no lo podés tocar, es Dios, nunca escuché una crítica « en contra. Los que vivimos acá somos los que lo padecemos, pero para los demás es Dios. Es un tipo que ha engañado, que ha engatusado. Es un gran bla bla bla.
Y ahora vuelve, así que tranquilo, que lo tenemos otra vez. Sin perra, pero bueno.
¿Estás seguro que vuelve?
¿A quién van a poner? Estoy seguro que va el viejo. Si no querés aparecer más, pe­dís que no te pregunten más, pero él da entrevista, y da entrevista. Vas a ver que es tanto el ego que tiene... Necesita que se lo pidan. Y el actor va a ir a dar su úl­timo bocadillo. Capaz que la queda antes de terminar, hay que rezar para que el se­gundo sea digno. Si nos toca otro Sendic estamos en problemas. Sendic me hace acordar a Pacheco Areco. No habla, no sabe hablar. ¿Cómo no nos dimos cuenta que no hablaba? ¿Cómo llegó? ¿Cómo Mefisto llegó ahí? Pacheco llegó porque uno se moría y el otro no agarraba, no agarraban Zelmar Michelini ni Amílcar Vasconcellos. ¡Y salió, y quedó presiden­te! Es el misterio de la vida.
¿De qué trata "La cachetada"?
Es el día después de la maestra que fue golpeada. El mensaje final es que la ca­chetada no la dio ni el niño ni la madre, "sino ustedes". Y ahí hay seis lingas llenas de libros, que caen. La educación se.va a pique, es impresionante. Impacta, no sé si está bueno pero impacta porque habla de un tema muy real. Lo plantee como una preocupación, para ver qué pasaba con ese tema. No pasó nada. A nadie le importó una mierda. (Risas.)
¿Qué estás leyendo ahora?
Un finlandés maravilloso, que escribe co­sas geniales. También estoy con un inglés que me gusta mucho, y después con Mu- rakami, que es otra historia. Terminé de leer un libro de cuentos de César Di Can­día, el último que sacó. Es precioso lo que escribe el viejo. Muy divertido, irónico. Es rescatable que siga escribiendo a la edad de él. Me parece precioso. Leí el último de Jaime Clara, también. Pico mucho, leo muy salpicado, por falta de tiempo. Tengo muchos libros, y tengo una cosa terrible: me pongo numeritos escritos a mano para saber en que orden leer, porque tengo tan­to amontonado que me olvido. Todo el mundo sabe que cuando me regalan algo no puede ser absolutamente nada que no sea un libro o un litro de vino. Una cosa o la otra. No me regalen perfumes que no voy a usar ni ropa que no me gusta, o co­sas que no uso. Entonces, claro, llega mi cumpleaños el 15 de mayo y tengo vein­ticinco libros.
¿Y cuántas botellas de vino?
Más. Pero pregúntame qué queda: los mismos libros, pero menos vino. Tomo una botellita por noche.
¿Vas al teatro?
Voy, cuando puedo. El domingo voy a ver "Yerma". A la Comedia voy siempre. Hay estilos que no me gustan, a eso no voy. Mariana Percovich no me gusta. ¿Para qué voy a ir a criticar a una cole­ga que no me gusta? Es como ver una película que no me gusta. No voy a ver una película de Suar, no me gusta. No es preconcepto, pero no me gusta. Y no lo critico. Voy a ver lo que me gusta, voy a ver a Woody Alien, incondicionalmente. Hace mierdas grandes como una casa, pero le perdono todo.
¿Ves series?
Sí, veo series. Estoy viendo Fargo. Las se­ries son lo más grande que tiene Netflix Es increíble, te enfermás.
¿Cuál recomendás?
Fargo, y Vikingos. Es de una crudeza qm no podés creer. El mundo de ellos esmaravilloso. Respetaban a la mujer como no la respetamos ahora. Cuando choca el mundo vikingo, que es bárbaro, con el mundo intelectual, de historia, de gran­des creadores y de religión católica. En un momento está el rey católico con un es­clavo acá, que es un vikingo, y viene una mujer golpeada a decirle que el marido le pega todas las noches. Y al vikingo le preguntan qué hacen en su pueblo cuan­do eso pasa: "No hacemos nada, porque en mi pueblo no se le pega a las mujeres , responde. Tenían cincuenta mil años de historia antes que estos otros locos, y amaban a muchos dioses, no era urt solo, eran dioses de muchos tipos. Y nunca un dios los castigaba, jamás. Está basado en una historia real, y es un mundo que yo desconocía. Obvio, cuando empezaban a cortar cabezas, cortaban cabezas. Pero me atrae eso, lo histórico. Hay muchas series que me atrapan, termino enfermo, veo cinco un sábado. Con la estufa a leña al lado no me levanta nada. "Andá, que ya voy", digo, y que se vayan todos a la mierda. Esos es una maravilla. Es lo que tiene Netflix, porque de cine no tiene nada. Aunque descubrí una página que es increíble, Cinefilia Malversa, que tiene todo el cine del mundo, por autor. Con los iraníes se me parte la cabeza. Es gra­tis. Las van bajando, pero las vuelven a subir. Ves cine que no ves en otro lado. Y cine de las décadas del cuarenta y cin­cuenta. Otto Preminger. Cosas que no ve nadie. Scorsese está todo.

¿ Y qué crea esto?
Un fanatismo. Pero después cuando llega la realidad... Y cuando hay que apoderarse de lo que está mal, no lo ha­cemos. Esos son los momentos en que te das cuenta que la gente está adorme­cida. Lo que pasa con el perro de Godín no la respetamos ahora. Cuando choca el mundo vikingo, que es bárbaro, con el mundo intelectual, de historia, de gran­des creadores y de religión católica. En un momento está el rey católico con un es­clavo acá, que es un vikingo, y viene una mujer golpeada a decirle que el marido le pega todas las noches. Y al vikingo le preguntan qué hacen en su pueblo cuan­do eso pasa: "No hacemos nada, porque en mi pueblo no se le pega a las mujeres , responde. Tenían cincuenta mil años de historia antes que estos otros locos, y amaban a muchos dioses, no era uno solo, eran dioses de muchos tipos. Y nunca un dios los castigaba, jamás. Está basado en una historia real, y es un mundo que yo desconocía. Obvio, cuando empezaban a cortar cabezas, cortaban cabezas. Pero me atrae eso, lo histórico. Hay muchas series que me atrapan, termino enfermo, veo cinco un sábado. Con la estufa a leña al lado no me levanta nada. "Andá, que ya voy", digo, y que se vayan todos a la mierda. Esos es una maravilla. Es lo que tiene Netflix, porque de cine no tiene nada. Aunque descubrí una página que es increíble, Cinefilia Malversa, que tiene todo el cine del mundo, por autor. Con los iraníes se me parte la cabeza. Es gra­tis. Las van bajando, pero las vuelven a subir. Ves cine que no ves en otro lado. Y cine de las décadas del cuarenta y cin­cuenta. Otto Preminger. Cosas que no ve nadie. Scorsese está todo.
¿ Vas a seguir el mundial?
Esa es otra mierda. Fíjate vos lo que hicieron ahora, el desembarco de la Agraciada con jugadores de fútbol. Es terrible, loco. Me encanta el fútbol, y la selección es seria y está laburando, pero las chances son limitadas, no van a ganar, porque no sirve económicamente.
Hay poderosos. Pero está lo que gene­ran en la gente, la cantidad de trampo­sos colgados que se van al mundial. Va a ser un mes de tortura, continuamente viendo cosas en televisión como si se nos fuera la vida en eso. Y se para todo. ¿Viste la noticia de la Universidad Ca­tólica? El día del partido con Uruguay no hay clases. No podés cerrar una uni­versidad privada," habilitar que este gran negocio de uno sea de todos. Este tipo ?de patriotismo me funciona mal. ¿Y sabés qué es lo peor? La desilusión, la caí­da estrepitosa, que abruma a la gente. Los jugadores de fútbol son millonarios, loco. Millonarios. ¿De qué estamos ha­blando, de once tipos y una pelota? Esta bien, pero no para que estemos prendi­dos. Y lo peor es que no va a ser sólo Uruguay, van a ver todos los partidos. Durante veinte días nadie va a laburar. Creo que es perjudicial para todos. La euforia, la locura, la escuela que va a pa­rar. ¿Y la productividad? Esto no pasa en otros lados del mundo, pasa solamente en Latinoamérica. No es tercer mundo, es sexto. Se vino abajo todo. Todo es pa­sión. Ahora mandan a Rusia al hijo de Bananita González, al que casualmente le dicen El Rusito. "Acá estamos, toman­do un samovar." Lo mandan a cubrir el mundial. Y van todos los comentaristas. Es un gran negocio, la televisión explota de publicidad. Guita de todos lados. Y todo el mundo hablando del mundial, con el Uruguay embanderado.
¿ Y qué crea esto?
Un fanatismo. Pero después cuando llega la realidad... Y cuando hay que apoderarse de lo que está mal, no lo ha­cemos. Esos son los momentos en que te das cuenta que la gente está adorme­cida. Lo que pasa con el perro de Godín es más importante que lo que pasa en el Hospital Militar o en el Clínicas. Suarez abrió ayer un complejo, porque la mu­jer estaba aburrida. "Estoy cansada de tener plata, hacé un negocio para mi.
? el marido puso como dos palos verdes para abrir un complejo de gimnasia, con canchas de básquetbol y fútbol. Dicen que es impresionante. Y todo para que ella, que vive en España, no se aburra.
? todos los canales cubrieron, gratuita­mente, como él llegó con los dos hijos a patear una pelota e inaugurar. Y en este momento debe tener treinta y cinco mil socios pagando una cuota, a un tipo que no lo necesita. Está todo transformado, está todo raro. Él papá de Cavani salió antes después de haber matado un tipo con la camioneta, porque era el padre de Cavani. No puede ser eso. Esto es lo que antes pasaba con los blancos y ios colorados, y nosotros nos quejábamos. Los hijos de. El que cómo vas a meter preso a un jugador famoso. Todo eso hace que nos sintamos mal. Hay puesta una bandera en eso, como que nos re­presenta, pero es un cuadro de fútbol, y no me va la vida. No voy a ir más feliz a laburar, al yugo diario, porque gane Uruguay. Ahora, si pierde Uruguay va a haber un bajón colectivo, porque hay una euforia... El otro día en Mar Ca­rrasco, un teatro que hay en Arocena, donde doy clases de mañana, fue Adidas, que alquiló la sala: cada chiquilín que compraba un par de zapatos de qui­nientos dólares lo recibía firmado por Suárez, que estaba ahí en vivo. Fueron todos los chiquilines. Yo no estaba, pero me enteré. Vallaron Arocena, no entra­ba nadie. Y la seguridad de Suárez deci­dió que no firmaba nada. ¿Sabés cómo lloraban los niños en la puerta? El no se debe haber enterado.

Le da para adelante a Astori. Pobre desgraciado, Astori, que no emboca una; es como Rampla Juniors, nunca entra en nada, pobrecito. Siempre ahí, con su lentitud. Me lo imagino a Mujica dándole manija, para que se tire y después tirarse él atrás. Es genial lo que hace el viejo.
Mi madre ve todo el día las novelas turcas. ¿Hay algo más lejos que un turco? Acá no hay califas, no hay jóvenes vírgenes para casarse y sin embargo prende. Olvídate de los Brian y los Johnatan en la selección: hoy se llaman todos Orán González o Sherazade Pereira. Claro, si nos obligan a ver eso.

Hay un gran miedo. Mirá lo que pasó con Petru Valensky, pobre. Dio su opinión y lo mataron. Pidió disculpas, y fue peor. Yo lo quiero a Petru, es el tipo más bueno del mundo. Lo mataron esos cagones que se esconden en un Facebook.

Y que haya dos países: Montevideo y el resto, que es el olvido. ¿Altos índices de suicidio? ¿Cómo no te vas a suicidar? Yo me imagino tres días ahí y me suicido cuatro veces. Es lógico. ¿Qué podés hacer, aparte de embarazarte, mamarte y matarte?