EL OBSERVADOR | TENDENCIAS | 06/11/2018 | Pag. 14

Represión en blanco y negro. Cyro Giambruno cuenta cómo las capturas de la violencia policial durante una marcha pacífica en 1984 se convirtieron en un ícono de la represión durante la dictadura

 
Mariana Castiñeiras - @mcastineirass

Es 3 de junio de 1984 en Montevideo.

Como respuesta al cierre del semanario La Democracia un grupo de frenteamplistas, colorados y blancos sale a manifestarse. Juntos piden democracia, libertad de prensa, amnistía para los presos políticos. Los fotógrafos de la agencia Camaratres, que hace un rato recorren la zona, detectan policías y efectivos de la Guardia Republicana en varios puntos del recorrido de la marcha.

Lo que va a pasar ese domingo le demostrará al fotógrafo Cyro Giambruno que la línea entre estar en el lugar y momento equivocados y su reverso afortunado es muy fina. Y la marca algo tan breve como el clic de una foto.

El fotógrafo pinta a los manifestantes como silenciosos. Estudiantes, jóvenes, otros no tanto. Dice que eran personas que después de la marcha seguramente se fueran a dar un paseo por la feria de Tristán Narvaja.

El punto de llegada había sido fijado en la explanada de la Facultad de Derecho. Unos años antes del episodio que Giambruno va a retratar ese domingo -paradójicamente- la fachada de la facultad apareció en un aviso propagandístico a favor de la papeleta del Sí del plebiscito de 1980. El edificio se veía inmaculado, iluminado por la luz del sol de la tarde, con la frase: "Antes era una fábrica de bombas, ahora es una casa de estudios".

Giambruno se recuerda a sí mismo como un "exciudadano" que, en ese entonces, no tenía derecho a trabajar o estudiar: tenía la categoría C. Había sido dirigente estudiantil en Facultad de Medicina y luego había estado preso en el penal de Libertad. Para vincularse con alguien, o con algo, había empezado a ir al Fotoclub, donde conoció a José Luis Sosa. Con él y su entonces pareja, Maga Acosta y Lara, fundaron Camaratres. Era una agencia fotográfica, un seudónimo bajo el cual proteger sus identidades y un proyecto que aprovechó el viento de los primeros cabeceos de la dictadura para captar lo que, por más de una década, había estado prohibido mostrar.

Vuelan palos

El ambiente se enrareció cuando aparecieron uniformados que caminaban en dirección opuesta a la de los manifestantes y se entrecruzaban con la marcha. Entre eso y el primer golpe de porra hubo unos minutos de distancia. Parado sobre una de las veredas de 18 de Julio, Giambruno disparó. La foto sería luego tapa del semanario Aquí.

Entre los cuerpos que parecen enredados en el tumulto de la foto de tapa se ven dos cosas: una porra y la cara de un hombre, tirado en el piso, recibiendo los golpes. Pasaron casi 35 años de ese episodio pero Giambruno puede recrearlo con la seguridad de quien sabe que su registro es una hazaña. El tiempo, en todo caso, le permite tomarse algunas licencias, como reírse de las particularidades de esa mañana tan montevideana. Los manifestantes, cuenta, se defendieron de los palazos de los policías con salamines que pudieron manotear de un puesto de la feria.

Si esta foto hubiera sido tomada cinco años antes, no habría visto la luz. Sin embargo, ya desde 1981 emergían medios de prensa alternativos, opositores al gobierno, que de alguna manera lograban publicar registros como este, que la censura dejaba pasar, cuenta Magdalena Broquetas en el libro Fotografía en Uruguay. Historia y usos sociales. Tomo II. 1930-1990. No firmar las fotos, trabajar en equipo y tener de clientes a varias de estas publicaciones les daba a los fotógrafos de Camaratres una libertad e independencia inéditas hasta entonces durante el régimen militar. Un tiempo antes de este episodio capturaron la represión policial durante un desfile de carnaval que terminó en manos de la agencia de noticias Asociated Press y les dio visibilidad, proyección y lo más importante: legitimidad. Giambuno contaba, entonces, con su propio carné de prensa, que todavía guarda en una carpeta que, a pesar de los años, mantiene impecable.

Pero la foto luego se convertiría -en libros, muestras, publicaciones- en un símbolo que representó la represión de las fuerzas armadas. La secuencia que le da origen a la imagen empezó con un grupo de uniformados que golpeaba un hombre, que tras caer al piso siguió recibiendo los porrazos. Giambruno fue atrás de los oficiales mientras arrastraban al hombre a la explanada de la Facultad de Derecho. Clic, clic, clic, recrea hoy Giambruno, que todavía puede evocar la adrenalina que sintió en el momento en que uno de los efectivos de la Guardia Republicana que esperaba cerca de un camión lo señaló y una decena de policías salió a correrlo. Una foto más hubiera significado quedar en manos de los oficiales, pero Giambruno ya estaba acostumbrado a calcular el momento exacto en el cual correr, y así lo hizo. Era flaco, dice ahora, así que no tuvo problema para volar del lugar.

Lo siguieron por varias cuadras. En la corrida, atinó a meterse adentro de un auto y ordenarle a la mujer que lo conducía que arrancara, pero lo que funciona en una película nunca sale bien en la realidad. Salió del auto cuando vio que la conductora no iba a ayudarlo y siguió corriendo hasta que apareció la salvación: una camioneta blanca en la que viajaban militantes del Partido Nacional a quienes Giambruno conocía. Lo levantaron y arrimaron hasta su casa. Él ya lo sabía en ese entonces: tenía la foto.

A la vista de todos

Después de la persecución venían la aventura del revelado y las llamadas para vender la foto. La estrategia de los fotógrafos de Cámaratres para salvar sus capturas era armar rollos cortos, de pocos fotogramas, que les permitieran pasar su trabajo a una mano amiga en caso de que los capturaran. En sus años con Camaratres, Giambruno dejó rollos en varios bares de Montevideo.

Dos cosas le dijo el encargado de finanzas de Aquí cuando vio las fotos. La primera, que le hubiera gustado poder imprimir 10 mil ejemplares, pero sabía que corría el riesgo de ser censurado y tuvo que limitarse a 4.000. La segunda la reproduce textual: "Qué lástima que no le puedo poner tu nombre".

El fotógrafo recuerda pasar por 18 de Julio en ómnibus y ver cómo los quioscos colgaban el semanario con la contratapa, donde salía el episodio de violencia contra el manifestante, a la vista. Se agotó en poco tiempo y, de hecho, tener uno de esos ejemplares es un lujo que pocos se pueden dar hoy en día. Giambruno llegó a ver su foto en libros, publicaciones y exposiciones en distintas partes del mundo. Su trabajo, junto al de otros integrantes de la prensa en ese entonces, forma parte de la historia de Uruguay y por eso decidió donar el archivo de Cámaratres al Centro de Fotografía de Montevideo. En estos meses, está trabajando con un equipo del centro para etiquetar e identificar unas 1.800 fotos del archivo de Camaratres para, eventualmente, publicar un libro. l



Este artículo es parte de la serie Detrás de la foto, que recoge las historias que dieron lugar a algunas de las imágenes más icónicas comprendidas en el libro Fotografía en Uruguay. Historia y usos sociales. Tomo II.

Para saber

Casi médico, fotógrafo, dueño de almacén, empleado de frigorífico, vendedor de leña de monte y ahora dueño de una empresa de seguros. Cyro Giambruno era dirigente de la Asociación de Estudiantes de Medicina, pero se vio obligado a dejar la carrera durante el quinto año luego de caer preso. En el medio se dedicó a todo lo que le permitiera subsistir y, una vez que volvió la democracia, retomó la carrera hasta casi terminarla. Ya tenía hijos en ese entonces y decidió volcarse al mundo de los seguros y dejar el título pendiente. Cuenta que ahora saca fotos para uso personal.